Tenía que haber ido en dirección contraria, pero no pude evitar dirigir mis pasos a esa tienda de música que suelo toparme las madrugadas en que nuestros huesos terminan en la Sugar a confirmar si me había enamorado de nuevo o si solo era efecto de los tóxicos... y, aunque por un segundo temí que otras manos se la hubiesen llevado, allí estaba esperándome la pequeña pulga saltadora (o ukelele, como dicen en hawaiano), una bonita pulga soprano con trece trastes mínimos y cuatro toscas cuerdas de nylon extrañamente afinadas en las que uno se enreda de forma sorprendentemente fácil, tanto que incluso Fujur se ha animado, para mi sorpresa, a lanzarse a la interpretación con los dientes, como los grandes, tras haber hecho sus pinitos con el xilófono. Vale que no hice los recados que debía, pero intuyo que estuve en el camino adecuado para mí! Ya os presentaré a mi uke.
o0O~Uni and her ukelele~ON MY WAY~O0o
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