2/4/09

viva el mal, viva el capital

por enésima vez, renuncio.
sin drama ni pantomima, rozando la indiferencia, pero renuncio, bang bang, fuera.
la caida de éste mi último esbozo de ídolo de barro ha sido sorprendentemente fétida, sin golpearle si quiera la costra de barro crujió para enseguida fisurarse para enseguida quebrarse en mil pedacitos, y sin darme apenas cuenta un fango viscoso y maloliente me calaba los pies...
de todos modos, resulta infinitamente menos doloroso este desplome que el de los becerros de oro (todavía alguna áurea astilla enclavada en las plantas de mis pies me recuerda lo horrible que es tener que atravesar desnuda un desieto de punzantes esquirlas doradas). Pero, sin duda, hay que reconocer que este fango apesta.
y creo que lo mejor que puedo hacer es salir a celebrarlo , festejaré esas mil batallas contra la pereza que han ido curtiendo mi bendita y acolchada indiferencia natural, dándole la espalda a cualquier rastro de tristeza, mientras bailo entre aspavientos con los ojos cerrados o fijos en los coloridos focos del techo (me da igual resultar histriónica, es lo que tenemos las aspirantes a vamp) y pego algún que otro grito-al-límite-pulmonar, sintiendo como los nudos de tripas decepcionadas se deshacen, cómo los tóxicos me invaden y pensando en cuánto me gusta volver a casa hecha polvo después de desayunar, en lugar de salir, hecha polvo, antes. aunque al final me sienta inadecuada, como un pingüino en un garaje, como Alaska en luar.

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